viernes, 31 de mayo de 2013

Juana de Arco



HISTORIA MÍTICA

[6 de enero de 1412  Domremý (Francia)- 30 de mayo de 1431 Ruán (Francia)]

    También conocida como la “Doncella de Orleáns” (“La Pucelle” en francés), fue una heroína, militar y santa francesa. Su festividad se celebra el día del aniversario de su muerte, como es tradición en la Iglesia Católica, el 30 de mayo. La causa de su beatificación fue introducida ante la Santa Sede en 1869 por monseñor Dupanloup, Obispo de Orleáns, y, después de atravesar por todas las instancias y siendo indudablemente confirmada con los requeridos milagros, el proceso finalizó con el Decreto publicado por Pío X el 11 de Abril de 1909. La Misa y el Oficio de Santa Juana, extraído del “Común de las Vírgenes”, con sus “propias” oraciones, fue aprobado por la Santa Sede para ser utilizada en la Diócesis de Orleáns.  Santa Juana fue canonizada en 1920 por el Papa Benedicto XV.



Juana de Arco
Juana de Arco

 SU NOMBRE

    De acuerdo con los datos recabados en el proceso de Ruán, Juana se hizo llamar siempre “Juana la Doncella”. Posteriormente se le añadiría la palabra “Darc” como apellido, para referirse a ella de forma oficial (la falta de apóstrofo en su versión francesa –d`Arc- se debe a la inexistencia de tal signo en la Edad Media).

    Arco (Arc) proviene del apellido de su padre, Jacques Darc, cuyas raíces familiares estaban posiblemente en dos pueblos, Arc-en-Barrois o Art-sur-Meurthe, pueblos muy cercanos donde se cree que nació “La Pucelle”.

    El nombre, no obstante, varía (Arc, Ars, Ai…) dadas las diferencias en la versión antigua de Art sur Meurthe (donde se reduce la erre).

    La denominación de “Jehanne d’Arc” se encuentra en la obra de un poeta de Orleáns hacia 1576; “Jehanne” se transcribe hoy en día como “Jeanne”.

Firma de Juana de Arco



SUS PADRES



    En el proceso Juana dijo sobre sus padres lo siguiente: “Mi padre se llama Jacques Darc y mi madre Isabelle”. De esta manera se sabe que sus padres fueron Jacques Darc e Isabelle Romée.

    Isabelle Romée no era el nombre original, sino que era el sobrenombre que se dio a Isabelle de Vouthon ( que pertenecía a la parroquia de Vouthon, hoy en el departamento de Charente), como se hizo a otros una vez que realizaban el peregrinaje “de Puy” ( de la montaña) en vez del de Roma. De hecho, Juana no dio el apellido. Su padre Jacques era agricultor. No era pobre pero vio a regañadientes la venida de otro nuevo vástago más a su familia, ya que Juana tuvo 3 hermanos mayores.



SU NACIMIENTO


    El debate sobre la fecha de nacimiento de la Doncella de Orleáns, no lo consiguió resolver ni la misma Juana durante el proceso, ya que, cuando le preguntaron qué edad tenía, respondió: “Alrededor de 19 años, creo”. Aunque no estaba segura, la historiografía ha interpretado esta declaración al pie de la letra. De esta manera, restándole su posible edad a la fecha en la que se realizó la pregunta durante el proceso, 24 de Febrero de 1431, aparece 1412 como la fecha más probable de nacimiento.

 
Domrémy,pueblo natal de Juana



    El lugar donde nació, teóricamente es Domrémy (pequeño poblado situado en el departamento de los Vosgos en la región de la Lorena, Francia), tal y como dijo en el interrogatorio de identidad de su proceso, el 21 de Febrero de 1431; “yo he nacido en la villa de Domrémy”. Además añadió que era una villa dependiente de Greux (inmediatamente al norte de Domrémy), y que hoy ha pasado a llamarse Domrémy-la-Pucelle, gracias a ella. Ambas pertenecen actualmente al departamento de los Vosgos, en la región de la Lorena. Domrémy fue también el lugar donde recibió el bautismo de manos del padre Jean Minet.



SU MISTICISMO

    “Yo tenía 13 años cuando escuché una voz de Dios”, declaró Juana en Ruán el jueves 22 de febrero de 1431. Añadió que la primera vez que la escuchó notó una gran sensación de miedo. Esta voz venía del lado de la iglesia y que era acompañada de una gran claridad, que venía del mismo lado que la voz.

    Cuando le preguntaron cómo creía que era aquella voz, ella respondió que le pareció una voz muy noble de tal manera que creyó que era enviada de parte de Dios. Así pues, cuando la escuchó por tercera vez le pareció reconocer a un ángel. Y aunque a veces no la entendía demasiado bien, primero le aconsejó que frecuentara las iglesias y después que tenía que ir a Francia y en este sentido la empezó a presionar. Además esta voz la escuchaba unas dos o tres veces por semana. No mucho después, reveló otro de los mensajes clave que le envió, que sería el que ella levantaría el asedio en que estaba sometida Orleáns.

Aparición de las Santas


    El 27 de febrero, Juana identificó estas voces: Se trataba de la voz de Santa Catalina de Alejandría y de Santa Margarita de Antioquia; las Santas mas veneradas del momento. Afirmó que las había reconocido gracias a que las propias Santas se habían identificado, algo que ya había declarado en Poitiers, con motivo del interrogatorio por la corte del Delfín sobre las visiones. Se negó a dar más explicaciones, emplazando a los jueces a ir a Poitiers si querían conocer más detalles.


    Sobre el año en que sucedió, en un primer momento había dicho que fue cuando tenía 13 años.
Posteriormente detalló que hacía 7 años que estas voces le aconsejaban y la protegían. Por lo tanto, restando 7 años al día del interrogatorio, se encuentra que en 1424 se le habrían aparecido por primera vez las visiones. Juana explicaría entonces (antes de mencionar el nombre de las Santas) la misión que la Voz le encomendó. Después de mencionar a éstas, los jueces le preguntaron a quién correspondía entonces la primera de las voces que había escuchado, aquella que le había causado tanto miedo 7 años atrás. Ella, que todo lo que iba respondiendo, lo hacía con muchas reservas y ensimismamiento. Resistiéndose varias veces, respondió que fue San Miguel (Santo protector del Reino de Francia), al que vio con sus propios ojos, acompañado de los ángeles del cielo. De este modo, cumpliendo la orden de Dios que le había transmitido el arcángel, partió para liberar Francia.




SU VIDA MILITAR

Traje militar de Juana de Arco

    Ya con 17 años encabezó el ejército real francés. Convenció al rey Carlos VII de que expulsaría a los ingleses de Francia y éste le dio autoridad sobre su ejército en el sitio de Orleáns, la batalla de Patay y otros enfrentamientos en 1429 y 1430. 

    Estas campañas revitalizaron la facción de Carlos VII durante la Guerra de los Cien Años y permitieron la coronación del monarca. Como recompensa, el rey eximió al pueblo natal de Juana de Domrémy del impuesto anual a la Corona. Esta ley se mantuvo en vigor hasta hace aproximadamente 100 años.

    En el mes de mayo de 1428 ella no tenía dudas de que era conminada a ir en ayuda del rey, y las voces se tornaron insistentes, urgiéndole a presentarse ante Roberto Baudricourt, quien gobernaba para Carlos VII en la vecina ciudad de Vaucouleurs. Ese viaje lo consumió un mes después, pero Baudricourt, un soldado grosero y disoluto, la trató a ella y a su misión con escaso respeto, diciéndole al primo que la acompañaba: “Llévala nuevamente a casa junto con su padre y propínale una buena paliza”.

    Mientras tanto, la situación militar del rey Carlos y sus seguidores iba tornándose desesperante. Orleáns fue sitiada (12 de octubre de 1428), y para finales del año la derrota total parecía inminente. Las voces de Juana se convirtieron en urgentes, y hasta amenazantes. Era en vano que ella se resistiese diciéndoles: “Yo soy una pobre chica, no sé montar ni pelear”. Las voces sólo reiteraron: “Es Dios quien comanda esto”.


Juana en la toma de Orleáns


    Rindiéndose finalmente, ella partió de Domrémy en enero de 1429, y visitó nuevamente Vaucouleurs.

    Baudricourt permanecía aún escéptico, pero, dado que ella permanecía en la ciudad, su perseverancia gradualmente causó efecto sobre él. El 17 de febrero ella profetizó una gran derrota que padecerían las fuerzas francesas en las afueras de Orleáns (la batalla de Los Herrines). Dado que dicha declaración fue oficialmente confirmada unos pocos días más tarde, su causa ganó terreno.

    Finalmente ella se vio afectada a buscar al rey en Chinon, y comenzó su camino hacia allí con una modesta escolta de 3 hombres armados, estando vestida, por propia requisitoria, con vestuario masculino –indudablemente como una protección a su pudor en la áspera vida del campamento militar. Ella siempre durmió completamente vestida, y todos aquellos quienes estuvieron más íntimamente cerca de ella, declararon que había algo alrededor de ella que reprimía cualquier pensamiento impropio a su reputación.

    Ella llegó a Chinon el 6 de marzo, y 2 días después fue admitida en la presencia de Carlos VII. Para probarla, el rey se había disfrazado, pero ella inmediatamente lo saludó sin hesitar en medio de todo un grupo de espectadores. Desde el principio una importante porción de la Corte –La Trémoille, la favorita de la realeza, la principal entre todas ellas- se opuso a ella como una visionaria loca, pero un signo secreto, comunicado a ella por medio de sus voces, que ella dio a conocer a Carlos, indujo al rey, sin demasiado entusiasmo, a creer en su misión.

Juana en presencia de Carlos VII



    Juana nunca reveló en que consistía dicho signo, pero actualmente la creencia principal indica que aquel “secreto del rey” era una duda concebida por Carlos acerca de la legitimidad de su nacimiento, y que Juana hubo sido autorizada sobrenaturalmente para aclararla.

    En Chinon, Juana hizo sus preparativos para la campaña. En lugar de la espada ofrecida por el rey, ella rogó que se realizara la búsqueda de una antigua espada enterrada, según ella aseguró, detrás del altar en la capilla de Santa Catalina de Fierbois. Ésta fue encontrada en el mismísimo punto indicado por sus voces.

    Antes de entrar en la campaña, Juana emplazó al rey de Inglaterra a retirar sus tropas del suelo francés. Los comandantes ingleses estaban furiosos por la audacia de la demanda, pero Juana a través de un movimiento rápido regresó a Orleáns el 30 de abril. Y para el 8 de mayo las fuerzas inglesas que rodeaban la ciudad habían sido todas capturadas, y el estado de sitio levantado, pese a que el día 7 Juana fue herida en su pecho por una flecha.

Escudo de armas


    Si bien la Doncella se marchó, ella deseó hacer el seguimiento de todos esos éxitos con toda rapidez, por un lado debido a un instinto guerrero, y por otro lado porque sus voces le habían dicho que disponía sólo de 1 año para terminar.

    Pero el rey y sus consejeros, especialmente La Trémoille y el arzobispo de Reims, fueron lentos para moverse. Sin embargo, cuando Juana elevó una súplica formal, una breve campaña fue comenzada sobre el Loira, la cual después de una serie de éxitos, finalizó el 18 de junio con una gran victoria en Patay, donde los refuerzos ingleses enviados desde París bajo el mando de John fueron completamente derrotados. El camino hacia Reims estaba ahora prácticamente abierto, pero la Doncella tuvo la mayor dificultad en persuadir a los comandantes de que no se retirasen antes de Troyes, el cual estaba al principio cerrado contra ellos. Ellos capturaron la ciudad y luego, todavía a su pesar, la siguieron hacia Reims, donde, el 17 de julio de 1429, Carlos VII fue solemnemente coronado, con la Doncella a su lado junto con su estandarte.

Carlos VII de Francia


    Juana fue detenida con el ejército contra su voluntad. Probablemente vio claramente cuánto debió haber hecho para provocar la rápida expulsión de los ingleses del suelo francés, pero por otra parte ella fue constantemente oprimida por la apatía del rey y sus consejeros, y por la política suicida que abarcó todos los señuelos diplomáticos desperdigados por el Duque de Burgundy.



    Un intento fallido en París fue llevado a cabo a finales de agosto. A pesar de que St-Denis fue ocupada sin oposición, el asalto que fue realizado en la ciudad el 8 de septiembre no fue respaldado con seriedad y Juana, mientras alentaba heroicamente a sus hombres a cubrir el foso fue herida en el muslo con una ballesta. El Duque de Alençon la retiró casi a la fuerza, y el asalto fue abandonado. Este traspié indudablemente debilitó el prestigio de Juana, y poco después, cuando, a través de los cancilleres políticos de Carlos, una tregua fue acordada con el Duque de Burgundy, ella bajó tristemente sus armas sobre el altar de St-Denis.

    La inactividad del siguiente invierno, mayoritariamente gastada entre el mundanismo y los celos de la Corte, debió haber sido una experiencia muy penosa para Juana. Debe haber sido con la idea de consolarla que Carlos, el 29 de diciembre de 1429, ennobleció a la Doncella y a toda su familia, quienes de allí en adelante, desde las azucenas de su escudo de armas, fueron conocidos por el nombre de Du Lis.



SU CAUTIVIDAD

La prision
La prisión


    En abril sus voces le hicieron saber que ella sería tomada prisionera antes del día de San Juan (24 de junio).

    Parecía que ella se hubiera lanzado a sí misma a la campaña el 24 de mayo al amanecer para defender la ciudad contra los ataques de los burgundios. A la noche ella resolvió intentar una retirada, pero su pequeña tropa de unos 500 hombres se encontró con una fuerza muy superior.

    Por algún error o pánico de Guillaume de Flavy, quien comandaba en Compiégne, el puente levadizo fue elevado mientras aún muchos de aquellos que habían emprendido la retirada permanecían afuera, con Juana entre ellos. Ella fue derribada de su caballo y fue hecha prisionera de un seguidor de Juan de Luxemburgo. Guillaume de Flavy había sido acusado de traición deliberada, mientras los pensamientos constantes de Juana durante los primeros meses de su cautiverio consistían en escaparse y acudir a asistirlo en esta tarea de defender la ciudad. La ingratitud y apatía de Carlos y sus consejeros dejó librada a la Doncella a su propio destino. 


    Juana fue vendida por Juan de Luxemburgo a los ingleses. Los ingleses, por una parte debido a que temían a su prisionera con un terror supersticioso, y por otra parte porque estaban avergonzados del pavor que ella inspiraba, estaban determinados a tomar su vida a cualquier precio. Ellos no podían condenarla a muerte por haberles derrotado, pero podían sentenciarla como una bruja o una hereje.
 


SU JUICIO Y MUERTE
Juicio a Juana de Arco


    Ya antes de que Juana pudiera ser empleada en operaciones militares, la Doncella fue enviada a Poitiers para ser examinada por un numeroso comité de sabios obispos y doctores. El examen fue de un carácter profundo y formal. Las actas de los procesos, a las cuales posteriormente Juana apeló con frecuencia durante su juicio, han desaparecido todas. Su ardiente fe, simpleza, y honestidad causaron una impresión favorable. Los teólogos no encontraron nada herético en sus afirmaciones acerca de las orientaciones sobrenaturales.

    El 21 de febrero de 1431 Juana apareció por primera vez ante sus jueces después de haber sido hecha prisionera. A ella no le fue permitido contar con un abogado defensor, y, a pesar, de haber sido acusada en una Corte Eclesiástica, ella fue, desde el principio hasta el fin, ilegalmente confinada en el Castillo de Rouen, una prisión secular, en donde era custodiada por soldados ingleses disolutos.

    La mayoría de los datos sobre su vida se basan en las actas de aquel proceso pero, en cierta forma, están desprovistos de crédito pues, según diversos testigos presenciales del juicio, fueron sometidos a multitud de correcciones por orden del obispo Cauchon, así como a la introducción de datos falsos. Entre estos testigos estaba el escribano oficial, designado sólo por Cauchon, quien afirma que en ocasiones había secretarios escondidos detrás de las cortinas de la sala esperando instrucciones para borrar o agregar datos a las actas.

juana de arco en la hoguera
juana de arco en la hoguera


    Los jueces la presionaron en lo referente a sus visiones, pero sobre muchos puntos ella se negó a responder. Y para el 1 de marzo Juana anunció enfáticamente que “dentro del espacio de 7 años, los ingleses deberán pagar un precio más alto que Orleáns”. En rigor de verdad París fue perdida a manos de Enrique VI el 12 de noviembre de 1437 (6 años y 8 meses después). El 29 de mayo, una Corte de 37 jueces decidió unánimemente que la Doncella debía ser tratada como una hereje reincidente, y esta sentencia fue llevada a cabo al día siguiente (30 de mayo de 1431). Esta vez le fue permitido hacer su confesión y recibir la comunión. 

    Pidió una cruz, la cual, luego de que fuera abrazada por ella, fue sostenida ante ella mientras continuamente recitaba el nombre de Jesús. Después de su muerte (quemada en la hoguera), sus cenizas fueron esparcidas en el Sena.

    25 años después de su condena, el rey Carlos VII instigó a la Iglesia a que revisaran aquel juicio inquisitorial, dictaminando el Papa Nicolás V la inconveniencia de su reapertura en aquellos momentos, debido a los recientes éxitos militares de Francia sobre Inglaterra y a la posibilidad de que los ingleses lo tomaran, en aquellos delicados momentos, como una afrenta por parte de Roma.

    A la muerte de Nicolás V, fue elegido Papa el español Calixto III (Alfonso de Borja) el 8 de abril de 1456 y es él quien dispuso que se reabriera el proceso. La inocencia de Juana Domrémy fue reconocida ese mismo año en un proceso donde hubo numerosos testimonios y se declaró herejes a los jueces que la habían condenado.

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